Los hombres prefieren las mujeres de Madrid

Son muchos los amigos que tengo que, aunque están casados, han probado alguna vez las piernas y el cuerpo de una escort. Javi, mi mejor amigo, llevaba meses dándole vueltas al tema, quería tener sexo salvaje con una escort en Madrid. Así que decidió llamar a Enigma escorts Madrid.

La monotonía del matrimonio o quizás ganas de experimentar nuevas y excitantes emociones. Quería que fuera una rusa, de esas de 1, 80, rubia y de ojos azules, recorrer todo su cuerpo y que fuera mía por unas horas.

Su pasatiempo en el curro era mirar anuncios clasificados y tenía la esperanza de que en Internet encontraría la que quería. Al final encontró una que se llamaba Zarina y que era una preciosidad, al menos como salía en la foto. En su interior había algo que me decía que no lo hiciera, pero supongo que el diablillo que todos llevamos dentro le impulsó a llamar un día.

Dijo en el curro que tenía que salir 2 horas antes por motivos personales, algo que a lo que su jefe no se opuso, siempre he sido cumplidor.  Como el apartamento de ella se encontraba en las afueras tampoco habría problema. Su viaje de 8 kilómetros se le hizo largo, quizás por darle vueltas en cada semáforo que se ponía en rojo.

Llegó y aparcó el coche, se acercaba el momento de ver a su Rusita, nervios como un colegial, ella abrió la puerta muy elegante de azul marino, destacando una melena rubia y esos ojos que casi parecían de gato. Le sonrió y estuvieron hablando un rato, vivía sola y llevaba solo 2 meses en la ciudad, venía de Perm, una ciudad del centro de Rusia y este método era el más fácil para ganarse la vida. Él le dijo la verdad, que su fantasía era con una chica del este como ella. Le sonrío con una mezcla de timidez que le encantó.

En unos segundos estaba besando su boca y estrechándola entre sus brazos, le abrazó y le dijo al oído que quería sentirse bien dentro y eso hice. Fueron las dos horas más locas de su vida, sexo brutal, del bueno. Un 69 de los dos bestial, posturas y sexo anal. No quise perderse nada e inmortalizó la imagen de ella frente a mi desnuda con sus grandes pechos botando.

Mentiría si os dijera que no ha repetido, lleva 3 meses visitándola y no se ha cansado. Nunca pensó que pasaría de ser una fantasía de 1 día, pero una escort en Madrid como esta es como para no dejarla escapar.

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