Una prostituta en mi luna de miel

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Estaba de luna de miel en Barcelona, una de nuestras diversas paradas. Mi reciente mujer había insistido en venir aquí antes de volar a Venecia. Yo no entendía por qué, ya que desde Valencia, donde vivíamos, Barcelona no queda tan lejos como para querer venir de luna de miel. Pero, gracias a ella, pude pasar un buen rato con las prostitutas de Barcelona.

Mi mujer insistió en pasar una tarde separados, porque tiene una amiga allí con la que decía querer pasar un rato. Así que, un poco desconfiado, me fui a hacer un poco de turismo en solitario. Pero me cansé pronto y decidí esperarla en la habitación del hotel. Sin embargo, cuando llegué, no quise abrir la puerta. Escuché sus gemidos y los gruñidos de otro tío. Me estaba poniendo los cuernos.

Por eso insistía en venir a Barcelona: tenía un amante.

Podría haber entrado, muy cabreado, y montar un pollo, pero preferí irme. Mis amigos siempre me habían dicho que las prostitutas de allí son muy buenas, así que busqué “prostitutas Barcelona” con el teléfono en Internet y me fui a un local que aparecía muy recomendado.

Allí, dije que quería tener un rato de sexo salvaje con la tía más sexy que tuvieran. No me decepcionaron: una morenaza de ojos verdes de unos 20 años se ocupó de mí que da gusto. Primero, me sentó en la cama y se ocupó de hacer que me empalmara sólo moviéndose sobre mí y restregando su sexo contra el mío. Cuando yo estaba a punto de explotar, me hizo tumbarme y empezó a lamerme el pene como si fuera un helado. Entonces me incorporé, la tumbé delante de mí y la empecé a penetrar. Ella gemía sin parar y pedía más. Entonces salí de ella y empecé a masturbarla con la mano.

Cuando noté que ella también estaba a punto, volví a penetrarla. Esta vez más rápido, más fuerte, con mi polla chasqueando contra su vagina húmeda. Y, al final, me corrí.

La chica se despidió de mí con muy buenas maneras. Yo volví al hotel, donde mi mujer me esperaba vestida con un camisón muy sexy. Se me insinuó y follamos.

No rompí con ella hasta después del viaje. Eso, sí: desde entonces, cada vez que he visitado Barcelona, he concertado una cita con sus exquisitas prostitutas, que siempre garantizan el mejor sexo que puedas tener.

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